Mito No. 10: La gimnasia matutina es más efectiva
Mito No. 9: Si no duele, el ejercicio no está haciendo efecto
Mito No. 8: El ejercicio aumenta el apetito e impide bajar de peso
  Mito No. 7: La ingestión de agua antes de o durante la práctica de ejercicio físico produce flato
Mito No. 6: Se puede perder tejido adiposo en puntos localizados, con ejercicios adecuados
Mito No. 5: Consumir proteínas comerciales aumenta la masa muscular
Mito No. 4: Sudar abundantemente es adecuado para perder peso
Mito No. 3: Las agujetas desaparecen tomando bicarbonato o agua con azúcar
 Mito No. 2: A mayor cantidad de ejercicios, más beneficios de salud y mejor imagen corporal
Mito No. 1: Cualquier tipo ejercicio es bueno para la salud
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Antes de comenzar una dieta o un programa de entrenamiento físico es aconsejable realizar una consulta con un médico o profesional
idóneo. Si en algún momento hay una sensación de dolor o molestia discontinuar la dieta o la actividad física. Los consejos, instrucciones o
sugerencias presentadas en este sitio son sólo opiniones personales y de ninguna manera deben tomarse como prescripción médica. El
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entrenamiento?

En losúltimos años el interés por el desarrollo físico ha adquirido mucha importancia en el estilo de vida de la
población. No se trata del desarrollo de las competencias deportivas sino de la conciencia de su papel como
agente promotor de la salud. De forma simplista, se asume que cuanto más ejercicio físico se realice mayores
serán los beneficios en la salud e imagen corporal. Esto no es cierto. Realizado de forma inadecuada, el
ejercicio físico puede generar un conjunto de efectos negativos
. Los beneficios no se derivan de la simple
práctica de un deporte o la asistencia a un gimnasio, sino de establecer con precisión una programa de
entrenamiento con el tipo de ejercicio, volumen, frecuencia e intensidad que cada persona requiere de acuerdo
con sus características y circunstancias.
El ejercicio tiene gran valor en un estilo de vida saludable pero puede tener efectos negativos si se realiza de
forma inadecuada o se excede la capacidad fisiológica del organismo. Cuando la intensidad del entrenamiento
excede la capacidad fisiológica individual, aparecen alteraciones orgánicas que repercuten en el funcionamiento
inadecuado de los órganos.       
 
Cuando se inicia un programa de ejercicios físicos tras un período de inactividad, la persona puede sentir
agudos dolores musculares conocidos vulgarmente como "agujetas", que aparecen a partir de las 24 horas y
pueden durar hasta 7 días. La creencia popular los atribuye a la producción de ácido láctico por lo que se
sugiere ingerir agua con bicarbonato e incluso agua con azúcar para combatir estos cristales, práctica
infructuosa que además puede generar molestias gastrointestinales.

Las agujetas aparecen por la prevalencia de contracciones excéntricas cuando se produce una elongación del
músculo simultánea a la contracción, generando microroturas en la unión músculotendinosa. La alternativa
más correcta para evitar su aparición consiste en dosificar los esfuerzos de una manera progresiva y gradual,
evitando aquellos ejercicios en que las contracciones excéntricas son muy numerosas y de gran intensidad,
como correr, saltar, etc. al iniciar un programa de ejercicios físicos.

Se trata, por tanto, de una medida preventiva. En el caso de que las agujetas se hayan instaurado, se hace
necesario repetir el mismo ejercicio que las provocó, pero a menor intensidad, pues ya existe cierta adaptación
a tal ejercicio y se han de evitar otros ejercicios ante los cuales no existe adaptación y que pueden provocar
mayor dolor post-esfuerzo tardío.
Este mito conduce a la práctica, muy extendida, de usar una vestimenta excesivamente gruesa para las
condiciones ambientales, impermeables, fajas y otros elementos aislantes que combinados con el ejercicio y
con la restricción en la ingesta de líquidos, proporciona a las personas la impresión de una pérdida de peso
mucho mayor. Estas prácticas sólo conducen a aumentar los riesgos de deshidratación por la excesiva pérdida
de agua que causa alteraciones significativas de las funciones corporales que implican los sistemas
cardiovascular, termorregulador, metabólico y endocrino. De hecho, una pérdida de agua de apenas 3% es
motivo de preocupación cuando no se recupera dentro de un período de 24-48 horas y cualquiera de estas
prácticas solamente consigue someter el organismo a un gran estrés fisiológico ya que el agua perdida debe
ser recuperada..

Estos efectos son más peligrosas en las personas obesas. Durante el ejerciciose genera energía que aumenta
la temperatura interna del cuerpo. La grasa, con sus caracteristicas aislantes impide o al menos obstaculiza su
dispersion haciendo a la persona obesa más sensible al exceso de calor .  

Mayor sudoración no implica pérdida de peso sino pérdidas de agua y sales minerales, específicamente sodio
y/o potasio, que provocan la aparición de intensos calambres musculares y la disminución del volumen
plasmático. El camino para perder eficazmente esas libras de sobrepeso no es eliminando líquido sino
reduciendo la grasa corporal mediante el ejercicio físico.  
Esta idea es incorrecta y totalmente injustificada. El desarrollo muscular no depende del consumo exagerado
de proteínas sino de la cantidad y calidad del trabajo físico realizado.Un consumo de proteínas superior a las
recomendaciones diarias (15% del total de la ingesta calórica diaria) es innecesario y puede generar
alteraciones metabólicas, daños renales, favorecer cirtos tipos de cáncer y otros procesos degradativos de gran
perjuicio para la salud ya que las proteínas no se almacenan. Una dieta adecuada, caracterizada por su
variedad  y balance en calidad y cantidad es mucho más efectiva, saludable y agradable al paladar.

Son los medios de comunicación y los intereses comerciales quienes han contribuido al aumento de estos
productos, de elevado precio por lo general. Un negocio rentable que ignora el peligro de sobrepasar las
recomendaciones diarias de proteínas y le estimula a gastar una buena cantidad de dinero en productos
comerciales que resultan inerficaces cuando no nocivos.
No hay cosa que afee tanto la figura humana como ese vientre voluminoso y caído que algunos llaman curva
de la felicidad
y que muchos intentan reducir con ejercicios abdominales. Y ciertamente, estos tienen efectos
beneficiosos - preventivos y profilácticos- para el dolor lumbar pero una eficacia discutible cuando de eliminar
la grasa abdominal se trata.

Algunas personas miden su diámetro abdominal al terminar la sesión de ejercicios y se convencen de que han
perdido grasa en la zona. Pero esta reducción no se debe a la pérdida de "grasa" abdominal sino a la
redistribución de la grasa por efecto de la elevada temperatura, que desaparece después de finalizado el
ejercicio y cuando el organismo recupera su homeostasia.

Es absolutamente imposible conseguir una pérdida
localizada de tejido adiposo con un tipo de ejercicio, porque
el lugar desde el cual provienen las grasas para ser empleadas como combustible durante el ejercicio depende
de factores genéticos, morfológicos, hormonales, etc: Se pierde grasa allí donde hay más acumulada y no
existe ningún ejercicio que sea capaz de hacer desaparecer la grasa de una zona concreta.
En realidad el flato se debe al incremento de la frecuencia y profundidad de las respiraciones durante el
ejercicio intenso que exige un mayor flujo de sangre y aporte de oxígeno a los músculos respiratorios:
diafragma y músculos intercostales, a la vez que el aumento en los niveles de dióxido de carbono provoca
incrementos adicionales de la frecuencia respiratoria. Pero como el reajuste circulatorio no es instantaneo,
puede ocurrir una falta transitoria de sangre que impide satisfacer las grandes demandas metabólicas
impuesta por el ejercicio a estos importantes músculos, que se manifiesta como dolor o flato. Su comienzo no
es predecible y los síntomas varian individualmente de acuerdo con la forma física de cada persona.

Ante la aparición del flato, detenga el ejercicio. Las demandas metabólicas de los músculos respiratorios
disminuirán inmediatamente y el flujo sanguíneo será suficiente. No pretenda hacer esfuerzos mientras tiene
el dolor y, en caso de que este problema se repita con regularidad, consulte su médico.  
Una persona sedentaria que comience a ejercitarse moderadamente puede sentir un inmediato incremento del
apetito que le hace ingerir alimentos cuyo contenido calórico supera al consumido durante el ejercicio
produciendo un aumento de peso. Esto ocurre porque la intensidad y duración del ejercicio realizado son
inadecuadas:

Una
intensidad baja aumenta el consumo metabólico de glucosa y al terminar la sesión los niveles de
glucógeno habrán disminuído tanto que estimulan el apetito.

En cambio, un programa de entrenamiento de
intensidad moderada no produce un gran descenso del azúcar
en sangre sino que estimula la lipólisis o utilización de las grasas (triglicéridos) como fuente energética, cuyo
exceso en el organismo hace innecesaria su reposición inmediata y la sensación de hambre no aparece.
Estudios recientes han demostrado que el ejercicio moderado tiende a disminuir el apetito durante varias
horas.     

Hay que destacar que cuando se realizan ejercicios con el fin de adelgazar los resultados deben esperarse a
mediano y largo plazo. No espere adelgazar de forma instantanea porque al no cumplirse sus falsas
expectativas puede hacerle abandonar su programa de entrenamiento con todos los perjuicios que conlleva el
sedentarismo.  
Falso. El dolor es la forma que posee el cuerpo de avisar que algo anda mal; es una señal que indica la
necesidad de reducir la intensidad o suspender completamente  la actividad. Respirar correctamente también
ayuda a eliminar los desechos metabólicos -en especial ácido láctico-, que al acumularse producen dolor.
Este horario, de hecho, es el peor para ejercitarse porque el organismo, tras largas horas de sueño, está
semi-dormidono y no puede funcionar a plena capacidad por lo que sufrirá si se le impone una carga externa
superior a sus posibilidades. No estamos en contra de la gimnasia matutina siempre que se refiera a ejercicios
adecuados para despertar el organismo activando la corriente de oxígeno que llega al sistema circulatorio y
estimulando las glándulas endocrinas para que segreguen más hormonas en el torrente sanguíneo. Solamente
las posibilidades físicas individuales pueden indicar cuál es el momento más adecuado y placentero.