Que tu alimento sea tu medicina
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Antes de comenzar una dieta o un programa de entrenamiento físico es aconsejable realizar una consulta con un médico o profesional
idóneo. Si en algún momento hay una sensación de dolor o molestia discontinuar la dieta o la actividad física. Los consejos, instrucciones o
sugerencias presentadas en este sitio son sólo opiniones personales y de ninguna manera deben tomarse como prescripción médica. El
equipo de idpvida.com (responsables de contenido, productores, investigadores periodísticos, técnicos, participantes y distribuidores) no se
hacen responsables por los inconvenientes vinculados a las opiniones ofrecidas en este sitio.
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El Síndrome Metabólico
Nuestro cuerpo, en su proceso natural de transformar los alimentos en energía, genera subproductos tóxicos
de la misma forma que una fábrica o un carro generan gases de desecho. Son los llamados
radicales libres
combatidos de forma natural por el organismo con un amplio catálogo de sustancias
antioxidantes (vitaminas,
minerales, ácidos grasos esenciales...) que llegan a él a través de los alimentos.

El consumo excesivo de proteínas y grasas, incluyendo las carnes de los populares parrilladas o barbicues que
lejos de ser tan sanos como piensa, son una excelente fuente de aminas heterocíclicas con potentes
propiedades cancerígenas; una insuficiente cantidad de agua para reponer las pérdidas fisiológicas naturales y
su sustitución por sodas y bebidas endulzadas en abundancia, la falta de ejercicios físicos o actividades al aire
libre y un mundo competitivo que nos agobia con sus demandas aumentando los niveles de estrés son
algunos de los factores que favorecen la acumulación de sustancias nocivas en los tejidos del cuerpo.

    Responsables de acelerar el envejecimiento tanto de la piel como
    de los órganos internos, los radicales libres favorecen el desarrollo
    de cáncer, enfermedades del corazón, procesos autoinmunes como
    la artritis, etc. Por suerte, el organismo tiene mecanismos para
    neutralizarlos convirtiéndolos en sustancias inofensivas mediante
    sus reservas de antioxidantes, limitando así los daños a las células
    y permitiendo la rápida reparación de los tejidos.

    Factores como la continua exposición a la luz ultravioleta del sol, el
    humo del tabaco. el escape de los coches, los metales pesados -
    plomo, mercurio- que se absorben por la piel o la respiración
    aumentan también los niveles de radicales libres en el  cuerpo.

Mientras tanto, la moderna industria agropecuaria en su afán de aumentar los rendimientos favorece el uso
excesivo de fertilizantes, drogas, hormonas y pesticidas a la vez que el cultivo intensivo empobrece el
contenido mineral de los suelos disminuyendo las cantidades de vitaminas y minerales presentes en los
productos agrícolas, la fuente fundamental de antioxidantes naturales en el cuerpo humano.
Por otra parte, todo tipo de contaminantes biológicos –colorantes, preservantes,
sabores artificiales- llegan a nuestra mesa con los alimentos procesados
contribuyendo al aumento de sustancias tóxicas en el organismo a niveles tan
altos que las reservas de antioxidantes no son suficientes para eliminar estas
sustancias tóxicas que entonces se acumularán en el tejido graso, el hígado y
otros tejidos y órganos preparando el camino para una inflamación crónica a nivel
celular capaz de afectar las paredes arteriales, las células cerebrales, pulmonares
e intestinales, las articulaciones o la piel. Si no se controla la situación, la
intensidad del ataque puede producir lesiones en las membranas celulares -la
pared externa de las células-, mutaciones en los códigos del ADN presentes en
sus núcleos y dañar de forma permanente diferentes funciones del cuerpo. Su
organismo no sólo envejecerá prematuramente sino que aparecerán las diversas
enfermedades degenerativas que caracterizan la sociedad moderna.
No podemos evitar el ataque a nuestro cuerpo de la contaminación ambiental. Tampoco está en nuestras
manos controlar las prácticas agropecuarias que aumentan la producción y abaratan los productos. El ritmo
social nos obliga muchas veces a emplear alimentos enlatados y procesados para ahorrar tiempo en la cocina.

    Pero la Madre Naturaleza nos ofrece la solución gratuitamente en la
    brillante variedad de sabores y colores de las frutas y vegetales. Estos
    verdaderos regalos nutricionales contienen las vitaminas y minerales que el
    cuerpo necesita en la proporción óptima para su asimilación y empleo.
    También aportan otras sustancias como pigmentos, flavonoides, enzimas y
    fitohormonas –algunos les denominan anutrientes- que ayudan a elevar
    los niveles de antioxidantes y combatir eficazmente los radicales libres que
    nos llegan por tantas y diversas vías. De la misma forma que los
    betacaroteno y flavonoides, protegen naturalmente a las plantas de los
    radicales libres generados por la luz solar imprescindible en su crecimiento,
    constituyen potentes antioxidantes consumidos en la dieta que contribuyen
    a proteger los tejidos de nuestro cuerpo.

La proporción de estas sustancias en las frutas y vegetales facilita su acción conjunta, de forma sinérgica y
eficaz, la asimilación de los nutrientes esenciales y la eliminación de los radicales libres productos del
metabolismo o de la contaminación ambiental y alimentaria.
Pese a la tendencia moderna de atribuir todas las enfermedades a virus, bacterias y hasta a los genes, hay
evidencias de que hasta dos de cada tres enfermedades se deben a una alimentación que no aporta la
suficiente cantidad de antioxidantes para combatir los elevados niveles de toxinas y radicales libres y evitar la
obstrucción de las arterias, sobrepeso, debilidad física e inmunológica, retención de líquidos, etc. La
Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sugerido que una dieta saludable desde la infancia puede reducir
este tipo de enfermedades degenerativas, en un 65%. Y en consecuencia recomienda la inclusión de
suplementos nutricionales diarios para garantizar un buen estado de salud.

Pero hay una forma más sencilla, económica y efectiva de aumentar la capacidad de nuestro cuerpo para
mantenerse saludable: ingerir cantidades suficientes de esas apetitosas frutas y vegetales, verdaderos
suplementos dietéticos que la naturaleza pone a nuestra disposición, capaces de contrarrestar el efecto nocivo
de los radicales libres, contribuir a reparar los tejidos y aún revertir los daños presentes porque cada día
millones de células del cuerpo son reemplazadas por otras nuevas que, libres de un ambiente agresivo que las
impacte, contribuirán a reparar los daños y disminuir considerablemente - y hasta hacer desaparecer - los
síntomas de las enfermedades degenerativas como la artritis que tanto afectan al hombre moderno.
      
       Tome nota...

    Hábitos alimentarios que aumentan la
    carga tóxica en el organismo:

  •  Excesos de grasa animal (carne,       
    mantequilla, quesos)
  •  Azúcares refinados (azúcar, pan      
    blanco, gaseosas)
  •  Excitantes (alcohol, café)
  •  Sal
  •  Preservantes, colorantes y         
    sabores artificiales.


    La decisión está en tus manos

    Puedes atiborrarte con alimentos
    “chatarra” tres veces al día, tirarte
    en el sofá como un saco de papas a
    ver televisión, intoxicarte con los
    centenares de contaminantes que
    te rodean y …

  •  Ganar 50 libras en los próximos  
          tres años.
  •  Adquirir diabetes.
  •  Padecer de una enfermedad
          cardiovascular.
  •  Incapacitarte por la artritis.

    Tu puedes mejorar tu calidad de vida
    con los sencillos métodos del
    Programa de Entrenamiento  
    Personal y aprender a:

  •  Combatir los radicales libres
          mediante una combinación de
          alimentos con el justo equilibrio
          entre sabor y nutrición.
  •  Entrenarte con rutinas de ejercicios
          físicos adecuadas a tu edad y
          complexión.
  •  Manejar el estrés con técnicas  
          de relajación que ayudan a
          desintoxicar el cuerpo y disminuir
          los niveles de nocivos
          subproductos.
  •  Mejorar tu eficacia laboral y social  
          con técnicas de programación
          mental.


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             nutricionales

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