La peligrosa erosión del "gota a gota"
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El enemigo publico numero 1
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Instituto para el
Antes de comenzar una dieta o un programa de entrenamiento físico es aconsejable realizar una consulta con un médico o profesional idóneo. Si en algún momento hay una sensación de dolor o molestia discontinuar la dieta o la actividad física. Los consejos, instrucciones o sugerencias presentadas en este sitio son sólo opiniones personales y de ninguna manera deben tomarse como prescripción médica. El equipo de idpvida.com (responsables de contenido, productores, investigadores periodísticos, técnicos, participantes y distribuidores) no se hacen responsables por los inconvenientes vinculados a las opiniones ofrecidas en este sitio.
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Curso Básico para el
Manejo del Estrés
Vivimos en un mundo difícil donde el terrorismo, las tormentas políticas y la
inseguridad económica se unen a los contratiempos de la vida diaria –un trabajo
demandante, un hijo adolescente, un accidente de carro, un fallo en la computadora,
el timbre del celular, la lluvia - para conspirar contra nuestra tranquilidad.
Todas estas situaciones conducen a desbalances hormonales y nerviosos que de
prolongarse demasiado tiempo, generan una compleja respuesta fisiológica que
algunos han llamado Síndrome de Adaptación General cuyos síntomas incluyen
fatiga, deterioro muscular, diabetes, hipertensión, úlceras, enanismo, impotencia,
pérdida de deseo sexual, interrupción de la menstruación, aumento en la
susceptibilidad a enfermedades y daños a las células nerviosas.

Las emociones desagradables provocan contracciones tanto de los músculos voluntarios
(estriados) como de los involuntarios (lisos) de los órganos internos, manifestada como
rigidez principalmente en el cuello, la nuca y los hombros. Cuando nos encolerizamos,
los músculos del estómago se contraen produciendo espasmos en el tubo digestivo, la
sangre coagula con mayor rapidez, el ritmo cardíaco y la presión arterial se elevan
aumentando el riesgo de accidentes cardiovasculares.
Nadie duda que un cuerpo saludable influye sobre la buena disposición mental y, recíprocamente, el equilibrio
emocional influye en la salud corporal. El pobre control emocional induce trastornos fisiológicos más o menos
intensos, tanto por la vía nerviosa como por la actividad de las glándulas endocrinas que elevan la presión
sanguínea, demandan energía extra de las reservas musculares, el hígado y la grasa para enfrentar la
situación.Y si esta condición de tensión se hace permanente
- Aumenta el riesgo de un ataque cardíaco o una trombosis.
- Se erosionan los huesos y músculos y se alteran las células cerebrales, principalmente los centros de
memoria.
- Aparecen la resistencia a la insulina, fatiga emocional, depresión, ganancia de peso, principalmente
alrededor de la cintura.
- Se deprime el sistema inmunológico limitando, a largo plazo, la capacidad de luchar contra las
infecciones y las células cancerosas emergentes.
Es una creencia generalizada que el estrés es consecuencia de circunstancias externas a nosotros; en realidad
es resultado de la interacción entre los eventos del entorno y las respuestas automáticas y naturales de
nuestro cuerpo ante situaciones amenazantes – o por lo menos desafiantes-. Los diferentes estímulos del
medio no tienen que ser muy intensos o notorios para que produzcan una respuesta. Es la forma en que los
percibimos e interpretamos sus efectos lo que genera una respuesta más o menos intensa.
Es la intensidad de estas respuestas emocionales y físicas la que debe ser mantenida
bajo control. Cada individuo responde de una forma única a los diferentes estímulos y
sus efectos en el organismo no tienen que ser muy notorios o intensos. Tampoco los
eventos exrternos generadores de estrés tienen que ser violentos o amenazantes para
que el organismo los perciba como "peligro". Pero todas estas respuestas tienden a
acumularse hasta llegar a un límite que caracteriza a cada persona. Sólo cuando esta
respuesta al estímulo exterior se prolonga o intensifica demasiado, sus manifestaciones
fisiológicas afectarán nuestra salud, nuestro desempeño académico o profesional, e
incluso nuestras relaciones personales o de pareja.
El estrés forma parte de la vida y no puede eliminarse. De hecho, cierto nivel de estrés es necesario para
enfrentar las situaciones cambiantes a las que debemos adaptarnos y responder adecuadamente a los
estímulos que nos afectan continuamente.
La mejor manera de prevenir y hacer frente al estrés es reconocer cuándo aumentan nuestros niveles de
tensión y ante qué estímulos o situaciones. La manera en que interpretamos y pensamos acerca de lo que
nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés. De manera que con frecuencia es nuestra
interpretación lo que genera (o potencia) una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación a la
que nos enfrentamos.


Pero con mayor frecuencia son los pequeños choques emocionales a primera vista sin importancia, el gota a
gota diario, los que conducen a un verdadero trastorno de salud. Si las emociones agradables no demasiado
intensas estimulan beneficiosamente el organismo, las preocupaciones y sinsabores cotidianos con su carga de
emociones destructivas- ira, envidia, frustración - son verdaderos venenos para el cuerpo, más peligrosos
porque son poco evidentes, y conducen a un estado permanente de sobretensión muscular que afecta la
irrigación sanguínea de grandes regiones del cuerpo incluyendo ojos, oídos, sistema endocrino, etc.
En los Estados Unidos:
- El 43% de los adultos sufren a causa
de los efectos adversos del estrés.
- Entre el 75 y el 90 por ciento de las
visitas a los médicos son para condiciones relacionadas de alguna manera con el estrés.
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